-Tenemos que hablar - dijo el mago de sangre.
Ludwin asintió con semblante serio. Ambos magos podían leerse bien. No hubo nunca respeto entre ellos, y camaradería menos aún. Sus objetivos estuvieron siempre muy alejados el uno del otro, y las decisiones que habían tomado por el camino también. Pero sus habilidades les permitían leerse mutuamente a pesar de sus rostros. Lancel estaba lleno de ira, devorado por la vergüenza e impotencia. Ludwin por su parte sentía mucha más vergüenza, pero nada de ira, aunque si desencanto.
-No vengo a echarte un sermón - comenzó Lancel -, pero sabes que lo ocurrido no se puede repetir. Eres un mago, ¡joder! Actúa como tal. Empieza a demostrar tu superioridad respecto del resto. Tienes potencial dentro y lo sabes, yo lo noto. Si fueras mi sobrino no querría saber nada más de ti, serías una vergüenza para la familia.
Ludwin casi sonrió ante la insinuación. Y... quizás surgió algo de ¿compasión? Era obvio que Lancel no comprendía lo que era tener familia.
-¿De verdad piensas que eso es lo que me preocupa? Si, se que puedo mejorar, pero no por tu camino. Sin embargo lo que no puede seguir sucediendo es que cada uno vaya por su lado. Creo que podríamos haber evitado muchos peligros de habernos coordinado mejor.
Lancel no se esperaba una respuesta así. Esperaba que Ludwin agachara la cabeza, quedase sin palabras, le diese la razón... Pero notaba hostilidad. ¿Tu camino? Eso sonó bastante despectivo... ¿Coordinación? Eso si es cierto, si se hubiese dedicado a ayudar a menos elfos seguramente hubiese llegado al combate con el mago en mejores condiciones...
-¿Tienes algún problema con "mi camino"? - dijo Lancel con tono jocoso -. Porque recuerda, ese camino es el que os ha salvado en el Bosque de Brecilia. Harías mejor no denotándolo despectivamente y reconociendo que puede que sea un poder para el que no estas preparado. Deberías estar "agradecido" a mi camino Ludwin- dijo acercándose, casi amenazante -, pues gracias a el hoy estas vivo. En cuanto a la coordinación, no creo que seas el mejor para hablar. Aparta tu obsesión interesada con los elfos, se que no les has ayudado desinteresadamente como Casell. Buscas algo más. Si no te hubieses bajado tanto los pantalones con ellos quizás hubieses sido de ayuda en el combate contra el mago. Joder Ludwin, que esto no es un juego, no tienes ni idea de lo que se aproxima, yo lo vi - exclamo con temor en sus ojos.
Ludwin no perdió la compostura, pero tan solo por que sabía que eso enfurecería aún más a Lancel ¿que había visto ese hombre más allá del portal? De nada servía sacar la otra cuestión ahora, Lancel tenía algo en mente y no iba a escuchar nada más.
-Está bien. Te escucho - dijo cruzando los brazos -. ¿Que estás proponiendo exactamente?
-Lo que estoy proponiendo es lo que debimos hacer hace mucho tiempo - parecía que Lancel asumía parte de la culpa por su comportamiento puramente individualista -. Dejar nuestras diferencias aparte. Si un ejercito de abominaciones y engendros sin apenas capacidad mental es capaz de ponerse de acuerdo y coordinarse para exterminar la superficie, nosotros no debemos ser menos. Entrena conmigo Ludwin, no te estoy pidiendo que uses magia que desprecies, sino que aprendamos lo que es un combate entre magos, para que asi no nos pillen desprevenidos. Tu, en particular, no tienes experiencia en ese aspecto, al no haber sido entrenado en el Círculo. Nosotros, los magos, somos los únicos con posibilidades reales de acabar con la ruina, centrémonos en nuestro verdadero enemigo. No pido tu amistad, sino tu palabra de ser mi compañero en el combate. ¿Que me dices?
-Está bien, si crees que tienes algo que enseñarme estoy dispuesto a aprender- respondió Ludwin en un tono algo desafiante, aunque ofreciéndole la mano-. Marca el ritmo, y veremos a donde podemos llegar.
-Todos tenemos algo que aprender Ludwin, es algo que he comprobado recientemente- Se hizo un silencio incómodo, Ludwin seguía con la mano tendida pero Lancel no le había correspondido aún. Sin embargo, cogió un papel que tenía en uno de sus bolsillos y lo desenrolló. Se lo mostró a Ludwin con la mano izquierda mientras con la derecha prendía una llama en la esquina inferior del mismo. - Con este gesto has saldado la deuda que tenías conmigo. - Ludwin observaba como el papel se iba consumiendo poco a poco. Su firma en ese papel ya se había consumido. Al acabar, Lancel le correspondió con un fuerte apretón de manos -. Creo que podemos comenzar, saca lo mejor de ti mismo y ataca como si fuese el archidemonio. ¿Estás preparado?
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