-¡Bien, escuchadme!-Selyna alzó la voz para que la oyeran todos- Vamos a descansar un momento y después iremos juntos al linde del bosque y ahí cada cual tomará su camino.
Los elfos se juntaron en un sólo grupo a pesar del pequeño tamaño de la fogata improvisada del centro, no querían separarse los unos de los otros. Estaban muy pegados, algunos se abrazaban o cogían de las manos, apenas si hablaban.
El grupo se puso en otra hoguera cerca de ellos, en parte para dejarles algo de espacio, en parte porque también tenían sus propios asuntos que tratar, aunque fuera individualmente.
Los ánimos estaban bastante mal, de eso no cabía duda. Llevaban días en Brecilia, y todo lo que habían logrado era salvar a muchos menos elfos de los que hubieran deseado, recibir una cura de humildad por parte de un mago de sangre con un poder abrumador, y la confirmación de primera mano de Lancel, de que la llegada de la Ruina era inminente.
Tarsius miraba con tristeza a los elfos, parecía compartir su dolor más que ninguno de los demás; Ludwig estaba agotado. Se había dejado la piel ahí dentro, y por poco no se deja la vida en el intento; Ugwein en cambio se desperezaba mientras acariciaba su nuevo anillo. Si lo que había dicho la custodia era cierto, es un alivio para todos que lo enanos no puedan entrar en el Velo; Lancel tenía esa mirada en los ojos, llena de ira y determinación, estaría discurriendo algo; Y por último estaba Selyna. Parecía distraída y preocupada, seguramente por el merme en las filas.
Casell contemplaba todo esto mientrás pensaba en lo inútil de su aportación al grupo. Era débil. Había quedado patente. Había hecho todo lo que era físicamente posible, y aún así, nada. No había conseguido nada. Tenía que hacerse más fuerte. Así no podía proteger a nadie. Algo le lastraba. ¿El miedo a este lugar? ¿Miedo a perder a sus compañeros? No. A su familia. Habían pasado por demasiado juntos, para ser sólo compañeros de armas. Le vinieron a la mente las palabras de Selyna "No deberías tener miedo, ellos deberían tenertelo a ti", refiriéndose a los lugareños del bosque. Y entonces tomó una decisión. Era hora de avanzar, y dejar atrás todo lo que llevaba a cuestas de su antigua vida de una vez.
Se levantó y se dirigió bosque adentro, absorto en sus pensamientos.
A medida que pasaba junto a los árboles, intentando ordenar sus ideas, unas sombras empezaron a seguirlo. A los pocos metros sintió ese silencio que indica que uno está rodeado, y paró. Colocó sus manos a la espalda, miró al frente y esperó a que alguna de esas sombras se mostrase.
Un hombre lobo no tardó mucho en caer frente a él, mostrando unos dientes enormes y con los ojos fijos y atentos en su presa.
-¿Que haces aquí humano?-Había algo en la última palabra que sonaba especialmente despectivo.
-Tengo algo que hacer -se armó con sus obligaciones y deber para sonar confiado y firme- , y tiene que ver con vosotros.
Aguardó unos segundos. El "Alfa" enfrente suyo parecía escucharle, aunque sintió como de las sombras del bosque salían el resto de lobos que le habían seguido. Era el momento.
-Hace... Bueno hace mucho, un niñato estúpido que sólo quería volver a casa con su familia, acabó en este bosque. Entonces algo pasó. Algo que le hacía morirse de miedo con sólo pensar en este lugar.-mientras decía esto sus ojos miraban al suelo, pero antes de terminar levantó la cabeza y miró directamente al alfa con convicción- Pero ya no.
-¿Ya no?-ladró el lobo. Parecía una especie de carcajada.-¿Te crees muy valiente por adentrarte en solitario en el bosque para amenazarnos?
-No vengo a amenazaros, vengo a pediros ayuda-no se giró pero sintió que los miembros de la jauría se miraban entre sí. Y el líder frente a él parecía confuso-. Lo cierto es, que no recuerdo los detalles de aquella noche. Sé que algo malo pasó, tal vez por no mostrar todo el respeto que se merece a este bosque, o puede que os molestara a vosotros, o a los silvanos, o yo que sé. Es irrelevante ahora. Ni soy el mismo, ni quiero lo mismo-No estaba seguro pero el lobo parecía querer oír lo que tenía que decir, sin interrupciones-. Ahora soy un Guarda Gris, mi misión es proteger todo y a todos de las fuerzas oscuras, que se están preparando para el ataque. Y antes de decir nada más- Casell extendió la mano abierta hacia el alfa- me gustaría daros mis más sinceras disculpas, por lo que quiera que os haya hecho. Lo siento.
El lobo dudó por un momento. Parecía desmigar cada palabra buscando algún tipo de engaño. Su confusión al ver que alguien le pedía disculpas de corazón provocó una sonrisa inconsciente en Casell -se le ocurrió que alguna vez había visto una expresión semejante en Ludwig-, que cargó voluntariamente con toda la buena fe que pudo. La enorme garra se alzó y estrechó la mano del guerrero con una fuerza increíble.
-¿Qué quieres?- Se irguió cuan alto era, y sin soltarle esperó una respuesta.
-Mis compañeros y yo nos dirigimos ahora a la capital, a preparar los últimos detalles para la batalla. Entre otras cosas, habrá que saber cuantos estaremos allí, para parar esto antes de que se nos vaya de las manos. Cada habitante de Thedas cuenta -"Allá vamos" pensó Casell-. Lo que os pido es que os unáis a nosotros.
Algunos lobos gruñeron, y otros soltaron algún gemido lastimero. Sabían lo que les acababan de pedir. Casell habría jurado que oyó un ladrido de aprobación.
El líder no apartaba la mirada ni un segundo.
-Nos pides disculpas, por algo que no recuerdas. Quieres que nos unamos a tus compañeros y a ti-estrechó aún más fuerte la mano de Casell-, y que demos nuestras vidas por un mundo que nos teme y nos desprecia.
-Yo no os temo -por primera vez e inconscientemente era lo que sentía-. Y aquí estoy, a vuestra merced, pidiéndoos ayuda en algo que yo sólo no puedo lograr... En cuanto a mis compañeros, tienen sus motivos para hacer esto, pero-esta vez fue Casell quien apretó la zarpa del lobo- son MI familia, y lucharé contra quien sea para protegerlos de la misma forma que al resto, hasta...- algo cruzó su mente, adquiriendo casi la fuerza de la certeza, sus ojos miraron al infinito, y sin quererlo volvió a aflojar la mano- hasta el final.
El lobo vio como la expresión del guerrero se hizo más sombría. No sabía si se tendría algo que ver con la batalla.
-Escondes algo-lo afirmó, no lo preguntó-.
-Sí, pero, y no me entiendas mal, no es asunto tuyo-Algo en la expresión de Casell le decía al lobo que no obtendría más respuesta que aquella-. Tanto si aceptáis como si no, podéis considerarme un aliado... Incluso un amigo si queréis. Nunca sobran-Lo remarcó con una sonrisa que desvaneció la nube oscura de hace un momento, para después sentenciar con un tono firme-. Si decidís venir, os ganareis el respeto de la gente, y personalmente me ocuparé de que jamás se olvide que ayudasteis a los Guardas Grises, y al resto de Thedas a parar la Ruina.
-¿Crees que se puede vencer?-El lobo parecía dudar, lógicamente.
-Siempre hay esperanza. Y cuantos más seamos, más aún-Había convicción en cada palabra-. Así que que sí. Lo creo.
Abrió la zarpa y liberó a Casell. Parecía que poco más había que decir.
-Debería regresar con mis compañeros. Tenemos un largo camino por delante-no quería irse sin una respuesta firme, pero no era una decisión para tomar a la ligera-. Si al final nos acompañáis, buscadme. Adiós -enfatizó con una sonrisa- amigos.
-Adiós...-parecía buscar una palabra en concreto para terminar la frase.
-Casell-aventuró el guarda-. Mi nombre es Casell.
-Adiós Casell. Tal vez nos volvamos a ver-parecía cerca de tomar una decisión.
El guerrero asintió junto con media reverencia, se giró y comenzó a desandar el camino. Apenas anduvo unos metros cuando le cerraron el paso, cerca del borde del círculo de lobos. Uno no le quitaba los ojos de encima. Había bastante hostilidad en ellos. Tras fijarse un poco más, vio que tenía una zona del pelaje algo chamuscada. Debía de ser el "espía" al que sorprendió Lancel. Parecía apunto de atacarle. Y seguramente lo habría hecho, si otro no le llega a saltar encima antes. Con las fauces cerradas alrededor del cuello de "Chamuscado", pero sin apretar -mucho- sobre este. El apresado emitió unos pequeños gemidos, agachó las orejas y se acobardó. El otro soltó la presa, y esta se fue. El "Cazador" se volvió hacia Casell. Tenía un pelaje brillante, y los ojos más claros que el resto. Desde luego era más joven que los demás. Se le acercó y se detuvo a unos pocos centímetros.
Sin previo aviso, un lametón llenó la cara de del guarda de babas. En cuanto Casell se recuperó del ataque vio que el joven lobo le miraba feliz. De verdad se alegraba de verle. Casell abrió los ojos de par en par cuando lo reconoció. Era aquel cachorro que había salvado de entre los restos de aquella aldea en llamas.
-¡Cómo has crecido!-por un momento se olvidó del resto de lobos, del bosque, incluso de su misión. Sólo estaban ellos dos.
Acarició su enorme cabeza, y le rascó detrás de las orejas, lo que provocó que se ganara otro lametón. Cualquier tipo de resistencia o intento de evasión fue inútil. Sonriente, Casell volvió a acariciarle.
-Cuídate, ¿vale pequeño?-había cariño en esas palabras.
-yTú.cAs.eLL-Le costaba hablar todavía pero se esforzaba. El lobo le regaló otra sonrisa al guarda, al que se le contagió sin remedio.
Entonces todo le volvió a la cabeza, y recordó que ya deberían estar en marcha hacia Denerim. Echó a andar fuera del círculo de lobos y se giró levantando el brazo despidiéndose una vez más.
Al girar vio que junto al "cachorro" estaba el alfa. No estaba seguro, pero parecía que éste le miraba con algo más de respeto.
Llego al claro a la carrera, y ya estaban todos en pie y listos para partir. Cogió sus cosas y se acercó a Selyna.
-¿Dónde estabas?-preguntó ella-. Llevamos buscándote un rato.
-Llevarías papel, ¿no?-dijo Tarsius entre risas. Ugwein le acompañó.
-Andando "recluta", y a paso ligero-le dijo Casell a Tarsius con tono jocosopretendiendo ser autoritario. Se volvió hacia Selyna-. Tengo que contarte algo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario