Lo que paso en aquella cueva no deja de quitarme el sueño. Yo, un poderoso mago, a punto de ser derrotado por un extraño. Era algo que no esperaba… pero mi ego me traicionó. Puedo considerar a este mago como el primero que me encuentro. No es que no considere mago a Ludwin, sino más bien que no lo veo como rival para mí. Tenía ganas de un encuentro de ese estilo, estaba ansioso.
Y no es culpa mía creérmelo, me lo he ganado a pulso. Está claro que soy el más poderoso, creo que nadie lo pone en duda. Después de un largo tiempo en el bosque de Brecilia, se notaba como las fuerzas de todos les empezaban a flaquear. Descansos cada poco, curaciones, pociones... no estarían vivos de no ser por mí. Arañas, espectros, engendros tenebrosos... casi todos derrotados y debilitados en gran parte por mí. Incluso en ocasiones dejaba de mostrar mi superioridad para que recordasen que podían colaborar un poco en la batalla... No… este grupo no está formado por verdaderos guerreros. Tarsius hace tiempo que dejo de ser útil al grupo, después de su actuación en la sala del tesoro con el espectro me parece más una carga que un guerrero. Quizá cuando volvamos a Denerim vuelva con su madre, bajo las faldas de las que nunca debió alejarse. Y Ludwin... en fin, tiene un gran potencial. No dudo de su herencia familiar. Pero me repugna el modo en que la desaprovecha. Si sólo busca conocimiento que se quede en casa estudiando. Esto es la ruina... yo la he visto… Los únicos que merecen el nombre de guerreros son Casel y Udwin. Pero incluso este último actuó como un cobarde en nuestro último encuentro. Creo que esto de la ruina le empieza a quedar grande.
El caso es que fui el único suficientemente poderoso como para atravesar la barrera de poder de este desconocido mago. Reconozco que disfrute viendo a Casel y a Udwin estampándose contra ella. Encima luego, con facilidad, le dejé paralizado. Disfruté dirigiéndome con paso lento y firme mientras me acercaba a ese engreído con daga en mano para degollarlo cual cerdo. Quedaría como el héroe al encargarme del jefe, mientras mis compañeros se encargaban de la chusma con bastantes dificultades (no estaba yo, claro). Pero, para mi sorpresa, consiguió romper mi hechizo. Ni siquiera los Ogros ni los Dragones pudieron resistirse... ¿Quién es este mago? ¿Como adquirió tal poder? En seguida sentí rabia recorriendo todo mi cuerpo. Yo, que humillaba, me convertí en el humillado. Pero no dejaría que me derrotase, no sin luchar. Nadie me deja vivir, yo sobrevivo, no se me perdona la vida. Siendo consciente de mi falta de maná, blandí mi espada. Sin embargo, mis ataques no parecían suficientes. Fue entonces cuando me desmoralice por completo. No solo era poderoso, sino que tenía un conocimiento de la magia de sangre más profundo. Ese hechizo... nunca sentí tanto dolor... Durante un momento quedé paralizado, no sé si por el dolor o por la impotencia que sentía… y pensé… así no vale la pena vivir, no después de semejante acto de humillación… ¡Moriré luchando!. Pero Udwin me "rescato" y en un magnifico gesto de cobardía nos saco a todos de la cueva.
El enano se había convertido ahora en un cobarde y embustero, cualidades que no le atribuía a nadie más que a Tarsius. Después de huir como una rata no merece mi respeto. Encima, escondía un anillo cuya importancia no consigo comprender. Me temo que la negociación es imposible con el metro veinte. Tendré que utilizar otro tipo de medidas. Quizá cuando lleguemos a Denerim nuestros caminos se separen al fin y sea el momento de que me deshaga de esa rata y me quede con el anillo. O quizá sea el momento de chantajearle ejerciendo mi derecho de llamada a nuestras filas como guarda gris...
Lo que está claro es que ninguno estamos preparados para lo que vi venir, pero menos ellos. Cuando entré por aquel portal lo sentí. Sentí el mal, la ira, la sed de venganza, la destrucción... Vi ogros, engendros tenebrosos, abominaciones… no sabría decir cuántos... mirase donde mirase estaba lleno de ellos… Era un mar de destrucción y desolación. Dudo que ningún ejército de la superficie pueda hacerle frente en número. Pero hubo más… vi una sombra… una sombra que dejaba en penumbra a casi todo el ejército... una sombra que planeaba encima de éste... Fue cuando vi al Archidemonio…
La próxima vez que nos veamos estaré preparado.
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