martes, 19 de agosto de 2014

Muerte en la noche

Al menos una chica pensaba. Luwina, creo, poniendo antorchas alrededor del muro para permitir ver a los atacantes. Los demás estaban más ocupados en sus músculos y sus armas, y en el banquete. No todos son así, claro, ese chico tembloroso, al que Tarsius y Ugwein disfrutaban asustando,  me pareció... Al menos Casell le dió algo de confianza.

Pero no hubo tiempo de relajarse, el enemigo ya estaba a las puertas. Mis compañeros resistían los ataques, y yo con mi barrera espiritual no tenía problema, pero la gente del pueblo no era tan afortunada. Dioses, si tan solo hubiese tenido el espíritu sanador. Traté de correr por el muro, curando a quien podía, pero eran demasiados. No había podido curar a Luwina de un par de flechazos, cuando un tercero le atravesó el corazón, o eso creí. Realmente no me importa la gente, simplemente es impotencia, pero me enfureció. No disfruto del combate tanto como Ugwein o Casell, aunque este último reaccionó cuando le grité que estaba muriendo gente. Tiene alma de santo el pobre hombre, espero nunca adquirir tal defecto.

Cuando el combate se calmó al fin, pude comprobar que Luwina aún vivía. No es que me importe, pero es una pena que muera una de las pocas personas que piensan en el poblado. Entonces se me asignó a la enfermería. No me importó. Al final era reconocer mi habilidad y no iba a negarme a cumplir con sus preferencias dado que me interesa que me consideren bien. ¿Y quién quiere estar en el combate? Solo que... bueno, era curar gente para mandarlos a morir. Cuando los engendros entraron en el poblado no pude aguantar más. Entre otras cosas por que me daban más trabajo del que sacaba adelante.

No soy muy bueno luchando, pero al menos entretuve a un par de ellos. El primero me llegó a dar, y he de tener cuidado, por que cuando lo hacen, pegan con ganas [nota del jugador: cuando solo te dan con 17 o más, siempre es crítico con dado Dragón 5 o 6 :P]. Pero mi preocupación creció al oír que Casell advertía contra algo en las afueras. He de admitir que sertí cierto malsano entusiasmo: Era el momento que estaba esperando.

Había previsto la aparición de un ogro o algo que derribase la puerta principal, y preparado glifos de parálisis frente a  estas. Bien, no era lo que esperaba, pero de alguna manera me alegraba que pudiesen ser útiles. Corrí hacia la puerta para encontrarme a mis compañeros luchando ya contra la bestia (un oso corrompido de cuyo nombre no quiero acordarme). Los últimos momentos fueron tensos, y de nuevo lamenté no disponer de las habilidades de un espíritu sanador, que me permitiesen ayudar a mis compañeros, pero finalmente el enano logró acabar con la bestia.

Pero al final del día, la muerte se había cebado con el poblado. He de hablar con Elorn. Necesito su consejo. Necesito saber sobre el espíritu que conocí. Necesito saber que riesgos son asumibles, por que no puedo seguir así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario